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Poesía

La Muerte Lenta.

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Pablo Neruda, nació en (Parral (Chile) 12 de julio de 1904 y murió en Santiago de Chile el 23 de septiembre 1973), fue un poeta y militante comunista chileno, considerado entre los mejores y más influyentes de su siglo, al que el novelista Gabriel García Márquez llamó "el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma"

Su biografía es demasiado larga para plasmarla aquí, pero si queréis saber más sobre este grande de la Literatura Universal, pinchad en este enlace:

     http://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Neruda

Sin embargo hay muchos poemas, que le son atribuidos y que no son de su autoría, como este que ha sido falsamente adjudicado a Pablo Neruda con el título de "muere lentamente", también  le suelen atribuir al autor del "Canto general" los poemas "Queda prohibido", que al parecer es de Alfredo Cuervo, escritor y periodista español, y "Nunca te quejes", cuyo autor ignora la Fundación Pablo Neruda. El poema en cuestión es de la escritora brasileña Martha Medeiros, autora de numerosos libros y cronista del jornal Zero Hora, de Porto Alegre, porque soy de los que opinan que "Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios" y las medallas para el que las gana.

Muere lentamente quien no cambia de ideas, ni cambia de discurso, evita las propias contradicciones.

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos y las mismas compras en el supermercado. Quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo, no da algo a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú y su pareja diaria.
Muchos no pueden comprar un libro o una admisión de cine, pero muchos pueden, y aún así se alienan delante de un tubo de imágenes que trae la información y el entretenimiento, pero que no debería, pues con sólo 14 pulgadas, ocupa tanto espacio en una vida

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones indomables, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas e hipos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio. Puede ser la depresión, esa enfermedad es grave y requiere ayuda profesional. Luego sucumbe cada día quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien no trabaja y quien no estudia, y la mayoría de las veces es una opción y, sí, destino: entonces un gobierno en silencio puede matar lentamente una buena parte de la población.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante, desistiendo de un proyecto antes de empezarlo, el que no pregunta acerca de un asunto que desconoce o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.

Muchas personas mueren lentamente, y esta muerte es una muy ingrata y traicionera, porque cuando se acerca de verdad, ya estamos muy destrozados para caminar en el corto tiempo que resta.

Qué mañana, por tanto, demore mucho para que sea nuestro día. Dado que no podemos evitar un final repentino, por lo menos evitar la muerte en suaves prestaciones, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que simplemente respirar.

 

Martha Medeiros.

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Himno a las estrellas

Una breve reseña biográfica y  a continuación una poesía del para mí prolífico y gran escritor, (poesía satírico-burlesca, amorosa, moral, heroica, circunstancial, descriptiva, religiosa y fúnebre):

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos.


Imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_Quevedo

Nace  el 14 de septiembre de1580 en Madrid, España. Estudia en el Colegio Imperial de los Jesuitas de Madrid, y luego pasa a la Universidad de Alcalá de Henares y también a la de Valladolid (cuando residía allí la corte 1601-1606) ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y donde circularon los primeros poemas de Quevedo, que imitaban o parodiaban los de Luis de Góngora (bajo seudónimo Miguel de Musa) lo que hizo famosa la rivalidad y la enemistad entre ambos. Muere en Villanueva de los Infantes  el 8 de septiembre del año1645 a los 65 años. En 1603, en Valladolid, Pedro Espinosa recoge materiales para la antología de las Flores de Poetas Ilustres de España, e incluye en ellos unos 17 poemas de Quevedo, testimonio de la fama que se había granjeado ya un poeta que apenas tenía 23 años. La obra poética de Quevedo, está constituida por unos 875 poemas de casi todos los géneros.
 
 
A vosotras, estrellas,
alza el vuelo mi pluma temerosa,
del piélago de luz ricas centellas;
lumbre que enciende triste y dolorosa
a las exequias del difunto día,
huérfano de su luz la noche fría;
ejército de oro,
que, por campañas de zafir marchando,
guardáis el trono del eterno coro
con diversas escuadras militando;
argos divino de cristal y fuego,
por cuyos ojos vela el mundo ciego;
señas esclarecidas
que, con llama parlera y elocuente,
por el mudo silencio repartidas,
a la sombra servís de voz ardiente;
---------------------
pompa que da la noche a sus vestidos,
letras de luz, misterios encendidos.
De la tiniebla triste,
preciosas joyas, y del sueño helado,
galas, que en competencia del sol viste;
espías del amante recatado,
fuentes de luz para animar el suelo,
flores lucientes del jardín del cielo.
Vosotras de la luna
familia relumbrante, ninfas claras,
cuyos pasos arrastran la fortuna,
con cuyos movimientos muda caras,
árbitros de la paz y de la guerra,
que, en ausencia del sol, regís la tierra;
vosotras, de la suerte
dispensadores luces tutelares,
que dais la vida, que acercáis la muerte,
mudando de semblante, de lugares;
llamas, que habláis con doctos movimientos,
cuyos trémulos rayos son acentos;
vosotras, que enojadas
a la sed de los surcos y sembrados,
la bebida negáis, o ya abrasadas
dais en ceniza el pasto a los ganados,
y si miráis benignas y clementes,
el cielo es labrador para las gentes;
vosotras, cuyas leyes
guarda observante el tiempo en toda parte,
amenazas de príncipes y reyes,
si os aborta Saturno, Jove o Marte;
ya fijas vais, o ya llevéis delante
por lúbricos caminos greña errante;
si amasteis en la vida,
y ya en el firmamento estáis clavadas,
pues la pena de amor nunca se olvida,
y aún suspiráis en signo transformadas,
---------------------
con Amarilis, ninfa la más bella,
estrellas ordenad, que tenga estrella.
Si entre vosotras una
miró sobre su parto y nacimiento,
y de ella se encargó desde la cuna,
dispensando su acción, su movimiento;
pedidla, estrellas, a cualquier que sea,
que la incline siquiera a que me vea.
Yo, en tanto desatado
en humo, rico aliento de Pancaya,
haré que peregrino y abrasado,
en busca vuestra por los aires vaya:
recataré del sol la lira mía,
y empezará a cantar muriendo el día.
Las tenebrosas aves,
que el silencio embarazan con gemido,
volando torpes y cantando graves,
más agüeros que tonos al oído,
para adular mis ansias y mis penas,

ya mis musas serán, ya mis sirenas.

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El Nudo

En esta ocasión, os voy a deleitar con un poema de Félix María Samaniego, al cual principalmente se le conoce  por una serie de fábulas repletas de mensajes moralistas y que forman parte del conocimiento ético y moral, al cual el tiempo y las circunstancias se han encargado de atribuir  todo su merito e importancia. Pero, Samaniego no es tan conocido por sus obras de naturaleza más "impúdica" o deshonesta. Estas obras aglutinadas bajo el título "El Jardín de Venus", resultan una lectura de lo más amena y sugestiva y desde estas líneas, os pido que les echéis  una mirada para que disfrutéis y os deleitéis con fruición de unas lecturas que llenaran de gozo, voluptuosidad y lujuria vuestros sentidos.

 Esta que he seleccionado, se  titula "El nudo" y explica de una forma clara y concisa, lo que quiero poner de manifiesto en esta entrada y que no es ni más ni menos que el dar una idea aproximada , sobre la intrascendencia de muchos miedos que se basan y  sustentan en la falta de información, ignorancia y en el mas profundo desconocimiento.


 

 

Casarse una soltera recelaba

temiendo el grave daño que causaba

el fuerte ataque varonil primero

hasta dejar corriente el agujero.

La madre, que su miedo conocía,

si a su hija algún joven la pedía

con el honesto fin del casamiento,

procedía con tiento,

sin quitarle del todo la esperanza,

hasta que en confianza

al galán preguntaba sigilosa

si muy grande o muy chica era su cosa.

Luego que esta cuestión cualquiera oía,

alarde al punto hacía

de que Naturaleza

le había dado suficiente pieza.

Quién decía: -Yo más de cuarta tengo;

quién: -Yo una tercia larga la prevengo;

y un oficial mostró por cosa rara

un soberbio espigón de media vara.

Tan grandes dimensiones iba viendo

la madre y a los novios despidiendo,

diciéndole: -Mi niña quiere un hombre

que con tamaños tales no la asombre:

un marido de medios muy escasos;

y así, ustedes no sirven para el caso.

Corrió en breve la fama

del extraño capricho de esta dama,

hasta llegar a un pobretón cadete

que luego que lo supo se promete

vivir en adelante más dichoso

llegando con astucia a ser su esposo.

Presentose en la casa

y, lamentando su fortuna escasa,

dijo que hasta en las partes naturales

eran sus medios en pobreza iguales.

Oyendo esta noticia,

la madre le acaricia,

y, como tal pobreza la acomoda,

al cadete en seguida hizo la boda.

Ajustada conforme a su deseo,

en la primera noche de himeneo

se acostó con su novio muy gustosa,

sin temor, la doncella melindrosa;

mas, apenas su amor en ella ensaya,

cuando enseñó el cadete un trastivaya

tan largo, tan rechoncho y desgorrado,

que mil monjas le hubieran codiciado.

La moza, al verlo, a todo trapo llora;

llama a su madre y su favor implora,

la que, en el cuarto entrando

y de su yerno el cucharón mirando,

empezó del engaño a lamentarse

diciendo que le haría descasarse;

y el cadete, el ataque suspendiendo,

así la habló, su astucia defendiendo:

-Señora suegra, en esto no hay engaño;

yo no le haré a mi novia ningún daño,

porque tengo un remedio

con que el tamaño quede en un buen medio.

Deme un pañuelo: me echaré en la cosa

unos nudos que escurran, y mi esposa,

según que con la punta yo la incite,

pedirá la ración que necesite.

Usté, que por las puntas el pañuelo

tendrá para evitar todo recelo,

los nudos, según pida, irá soltando

y aquello que la guste irá colando.

No pudiendo encontrar mejor partido,

abrazaron las dos el prevenido:

al escabullo encasan el casquete,

y la alta empresa comenzó el cadete.

Así que la mocita

sintió la titilante cosquillita,

a su madre pidió que desatara

un nudo, para que algo más entrara.

Siguieron la función según se pudo,

a cada golpe desatando un nudo,

hasta que al fin, quedando sin pañuelo

el potente ciruelo

dentro ya del ojal a rempujones,

apenas ver dejaba los borlones.

Mas ella, no saciando su apetito, decía:

-¡Madre, quite otro nudito!

A que exclamó la vieja, sofocada:

-¡Qué nudo ni qué nada!

Ya no queda ni nudo ni pañuelo;

que estás con tu marido pelo a pelo.

-¡ Cómo!, la hija respondió furiosa.

¿Pues qué hizo usté de tan cumplida cosa?

¡ Ay!, Dios se lo perdone;

siempre mi madre mi desdicha fragua;

todo lo que en las manos se le pone

al instante lo vuelve sal y agua.

 

Autor: Félix María Samaniego

 

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El Apretón

Tomás de Iriarte y Nieves Ravelo nació el 18 de septiembre de 1750 en el Puerto de la Orotava (actualmente Puerto de la Cruz), en la isla de Tenerife. Sus padres fueron Don Bernardo de Iriarte y Doña Bárbara de las Nieves Hernández de Oropesa. Iriarte provenía de una familia muy culta, varios de cuyos miembros se distinguieron como escritores y humanistas y cuyo apellido surgió por dinastías austriacas y vascas. Se trasladó a Madrid a los catorce años junto a su tío Juan de Iriarte.
Su carrera literaria se inició como traductor de teatro francés. También  tradujo, el Arte poética, de Horacio. Escribió las comedias la señorita mal criada (1788) y el señorito mimado (1790) y en Guzmán el Bueno (1791) introduce el monólogo dramático con acompañamiento de música mediante una   orquesta.
Aunque sin lugar a dudas es, principalmente, conocido por sus Fábulas literarias, consideradas de mayor categoría poética que las de Félix María Samaniego, en las que incluye menciones a escritores de su época. No son fábulas sino un estilo elegante que sirve al autor para atacar a sus enemigos de forma mordaz refiriéndose a éstos con nombres de animales.
La literatura no era el único talento que Tomas de Iriarte poseía  y cultivaba, también llegó a encariñarse con el entorno musical, concentrándose en tocar la viola y el violín. Como consecuencia de esta afición escribió su poema didáctico La música (1779). Pero, puedo afirmar sin temor a equivocarme que su tendencia e inclinación estaban claramente decantados hacia  la poesía, como él solía decir: "Los pueblos que carecen de poetas carecen de heroísmo; la poesía conmemora perdurablemente los grandes hechos y las grandes virtudes".

Murió de gota en Madrid, el 17 de septiembre de 1791.

Estas son algunas de sus obras y Fábulas más famosas: (de las cuales paso a relatarles una de ellas).

-EL APRETÓN
-EL BURRO FLAUTISTA
-EL GALÁN Y LA DAMA
-EL RICO ERUDITO
-EL SOMBRERERO
-EL TÉ Y LA SALVIA
-EXTENSIÓN Y FAMA DEL OFICIO DE PUTA
-LA ABEJA Y EL CUCLILLO
-LOS DOS CONEJOS
-LOS DOS LOROS
-LOS LOROS Y LA COTORRA
-RESPUESTA DE DON TOMÁS DE IRIARTE A UNA DAMA QUE LE PREGUNTÓ QUÉ ERA LO MEJOR QUE HALLABA EN SU CUERPO
-SEÑOR DON JUAN, QUEDITO, QUE ME ENFADO...

Existen que yo sepa 66 fábulas de Tomás de Iriarte, para leer y disfrutar.

 


 

 

EL APRETÓN


Cantaron mil ingenios inventores
empresas de valientes capitanes
o amoríos de damas y galanes;
otros, conversaciones de pastores,
o ya el cultivo de árboles y flores;
unos, útiles fábulas morales;
muchos, agudas sátiras cantaron,
y otros, entre columnas teatrales,
con las prestadas voces declamaron,
ya el suceso festivo, ya el funesto.
Yo canto; mas no canto nada de esto,
ni he de decir lo que es, pues con decillo
pierde toda la gracia el cuentecillo.

Musas, pues hoy no halláis quien os invoque,
y casi se os olvida ya el oficio,
por poneros siquiera en ejercicio,
algo de influjo espero que me toque;
y en vez de estaros mano sobre mano,
inspirad a un poeta chabacano.

Entre unos cerros ásperos, enfrente
del camino llamado de la Puente,
que va desde el Molar a Talamanca,
paso difícil, solitario, estrecho,
que apenas deja trecho
a la pezuña asnal o humana zanca,
una mañana del templado mayo
caminaba un ocioso, sin destino,
con sombrero chambergo. con un sayo,
un bastón cual bordón de peregrino,
y atado atrás el pelo, como un payo.

Iba ya en lo mejor de su paseo,
cuando, sin más ni más, le sobrevino
un apretón terrible,
un insulto enemigo del aseo,
urgencia y tentación irresistible,
precisión cuotidiana y repentina,
no de aquellas que un hombre presto aplaca
con soltar un botón a la pretina,
sino de aquellas en que no hay consuelo
mientras el infeliz no desataca
plenamente las bragas hasta el suelo.

Confuso y angustiado,
allí suspende el paso el caminante,
y tendiendo al instante
la vista por la falda del collado,
ningún paraje ve proporcionado
para cumplir tan necesario intento.
Alza las manos a la azul techumbre,
e invocando a las ninfas de la cumbre,
así las ruega en lastimero acento:
«¡Oh dríadas y oréadas piadosas,
que habitáis estas verdes soledades.
sátiros, faunos y demás deidades,
dueños de estas montañas escabrosas!
Así los moradores
de la empinada sierra de Buitrago
os multipliquen aras y loores,
que me saquéis de lance tan aciago.
Atended al quejido
de aquesta apuradísima persona.
que, como en vuestros montes no ha nacido,
y se crió en la corte regalona,
no sabe despachar tal diligencia
sino sentado a toda conveniencia.
¡Oh!, si por orden vuestra aquí naciera
(ya que númenes sois y obráis portentos)
alguno de los frágiles asientos
de que abunda Alcorcón y Talavera!
No reparara entonces en que fuera
el barro tosco o fino,
ya blanco el baño, terso y cristalino,
ya oscuro, ya verdoso,
o del redondo hueco en las orillas
mal vidriado con orlas amarillas,
que a fe que no sería escrupuloso».

Así decía; y las silvestres diosas,
apiadadas, sin duda, del fracaso,
le guiaban el paso
por medio de unas sendas peñascosas,
hasta que descubrió la mejor silla,
digna de un presidente de Castilla;
digna... ¿qué digo? si en la urgencia rara
ni por silla de un papa la trocara.

Llevan por un barranco su vertiente
dos pobres, pero limpios, arroyuelos,
que apenas (aun ya líquidos los hielos)
aumentan a Jarama la corriente.
La tierra misma entre ellos forma un nicho
de los aires y lluvias resguardado,
que la naturaleza, por capricho,
fabricó en un terreno tan quebrado.
Dos lisas piedras de uno y otro lado
ofrecen tal asiento,
que está en el medio de la peña dura
hecha como de intento
una capaz y cómoda abertura.

No quedó más gozoso, más ufano
Colón la vez primera
que avistó la ribera
del nuevo continente americano,
ni obtuvo mayor gloria el extremeño
Hernando al verse dueño
del precioso tesoro mejicano,
que este descubridor, cuando su acierto
le llevó en tal borrasca a tan buen puerto.

Vosotras, ¡oh sensibles criaturas!
las que sabéis por ciencia y experiencia
cuán dulce complacencia,
después de tan molestas apreturas,
es aflojar un hombre lo aflojable,
considerad ¡qué ansioso y diligente
tomaría el paciente
posesión del asilo incomparable!
corre, se desabrocha, dicho y hecho,
se remanga, se sienta... ¡Buen provecho!

Aquel asiento, que era juntamente
poltrona, canapé, reclinatorio,
nicho, púlpito y cátedra eminente,
también era azotea, observatorio,
mirador y atalaya, desde donde
se registraba un vasto territorio.
Allí, pues, a la vista no se esconde
ni la antigua Sansueña,
célebre por sus fértiles campiñas,
ni el soto de Silillos con su aceña,
ni Arjete, Fuente-el-Saz y Valdetorres,
de mieses circundados y de viñas.
Y tú, Jarama altivo, que recorres
tanta fecunda tierra,
desde la fría sierra
hasta aquellos jardines
en cuyos amenísimos confines
el nombre y el raudal te usurpa Tajo,
también allá descubres en lo bajo
tu agua brillante cual bruñida plata,
bañando con reposo
el distrito frondoso
que hasta Tor-de-laguna se dilata.
Por otra parte ostenta su aspereza
el monte de Vellón intransitable,
y los cerros, cubiertos de maleza,
ocultan en un valle extenso y llano
el Molar y la fuente saludable
a que dio nombre un toro,
que fue descubridor de aquel tesoro,
y con beber sus aguas quedó sano.

Mas ¿para qué es pintar lo que el lejano
horizonte a los ojos representa,
cuando en lo más cercano
del natural asiento en que regenta
el ya desahogado caballero,
un recreo no menos placentero,
donde quiera que mira, experimenta?

En todo aquel recinto delicioso
cantuesos aromáticos florecen,
el romero oloroso
y el menudo tomillo reverdecen.
Los rayos del hermano de Dïana
no alteraban aún de la mañana
el apacible fresco, y entre tanto,
cruzando por el aire en prontos vuelos,
alternaban las aves dulce canto;
y el ruido de entrambos arroyuelos,
susurrando entre guijas, infundía
la interior y pacífica alegría
que una campestre soledad ofrece
cuando más melancólica parece.

¡Ah! no es posible, no, que un grave monje
en el escurialense monasterio
se arrellane, se esponje,
se abandone, recueste y regodee
con tal prosopopeya y magisterio,
cuando ocupa a sus solas y posee
uno de los asientos celebrados
de aquellas necesarias, ostentosas,
cómodas, separadas, anchurosas,
cuya profundidad por todos lados
baña el agua corriente,
como el repantigado señor mío
cuando goza y dispone a su albedrío
del trono que adquirió tan felizmente.

Mas ya el sol, que, apuntando en el oriente,
le alumbraba de cara, algo molesto,
le obligaba a dejar el útil puesto;
y él, haciéndole humilde cortesía,
así con tierna voz se despedía:

«Lugar nada común, antes bien raro,
necesario lugar, lugar secreto,
donde hallé receptáculo y amparo,
quédate en paz, y a tu retiro quieto
jamás se atreva el tiempo codicioso
lávente siempre el pie los riachuelos
de este monte fragoso;
siempre alejen los cielos
de ti sus destructoras tempestades,
y dures celebrado en las edades.»

Dijo; y sacando de la vaina el hierro,
con la punta afilada,
en el tronco de un árbol de aquel cerro
la siguiente inscripción dejó grabada:
"Pasajero que vas por estas breñas,
si acaso ves al célebre arquitecto,
autor de las cloacas madrileñas,
di que le está esperando entre estas penas
el modelo de Y griega más perfecto».

Autor: Tomás de Iriarte y Nieves Ravelo

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